De Padres a Hijos. La Sevilla que conozco es una Ciudad de Tradiciones. Donde Padres transmiten a su prole enseñanzas y tradiciones que ellos mismos aprendieron en su niñez de sus ancestros. En esa dulce infancia es donde se suelen adquirir esas costumbres que hacen al Sevillano a amar a su Urbe de una manera única, especial y diferente. Nos enseñan a detenernos y degustar unos placeres en forma de estampas, olores, sabores y sonidos que se producen en nuestra amada ciudad, unos estímulos incluso capaces de llegar a detener el tiempo. También radica en cómo y por qué amar a nuestros Sagrados Titulares, besarlos y en enseñar a comprender su dolor. Enseñanzas de niñez que duran para toda la vida.
Una forma por la que llegamos a pertenecer a una hermandad radica en ese camino.
Otro camino es la de la belleza en el andar de los pasos en la calle, el binomio que puede llegar a alcanzar con la música cofrade puede llegar a ser cautivador.
Y otro de esos caminos puede llegar a ser … por AMOR.
Permitidme que os cuente la historia de un chico que a sus 15 años vivió su primera Semana Santa de la Ciudad que tanto ama. Él siempre viajaba al lugar de nacimiento de sus ancestros llegadas las tan ansiadas fechas… por Tradición. Pero ese año No fue así.
Domingo de Ramos.
El sol se vistió de Gala para que la mañana del Domingo más hermoso del año luciera con todo su gran esplendor.
Nervios ante lo que se avecinaba… Largos cortejos acabados en Hermosos y muy concurridos misterios para lo que él estaba acostumbrado, y maravillosos Palios llenos de luz, todos ellos acompañados por música celestial o por el más hermoso de los Silencios.
Algo que le llamó mucho la atención y no entendía era como en la ciudad que mil veces había recorrido un trayecto de 50 metros se podía llegar convertir en casi 2 Kilómetros. Y en uno de esos trayectos en mitad de una bulla, de sus amigos se perdió.
Y en el caminar sin rumbo, sus pasos dieron a la estrechez de una oscura calle. Ésta solo era iluminada por esa bella Luna de Parasceve que buscaba su sitio entre ángeles y hermanos que desde el cielo se preparaban para asistir a lo que allí iba a acontecer. Como salido de un sueño, el tiempo se detuvo ante el deambular de un par de faroles que flanqueaban a una Cruz de Guía portada por un Nazareno Blanco. Un torrente de hermanos de luz con escudo rojo en el pecho seguía el camino que marcaba esa cruz de Guía. Diferente a todo lo que había visto anteriormente esos nazarenos avanzaban entre penumbras cumpliendo su penitencia tal como si de uno solo se tratase. Parecía que la ciudad volvía sus pasos hacia una Sevilla de otra época. Entre el recogimiento de la cofradía apareció el imponente Misterio con su portentoso andar, el joven quedó absorto ante la visión de la figura del de Nazaret con su túnica de blanco Inmaculado…; éste inútilmente intentó cruzar una mirada de consuelo hacia el Nazareno, que
al instante y a los sones de Silencio Blanco se perdía tras el Trono del Tetrarca entre antiguos edificios dejando en él un sentimiento de desazón. El silencio más absoluto volvió a reinar en esa estrecha confluencia mientras el joven trataba de asimilar lo que acababa de vivir, su
corazón latía desbocado, su piel erizada… y un sentimiento angustia por querer revivir lo que acababa de acontecer. Los hermanos de luz, seguían cruzando ante su mirada como si de una procesión de almas se tratara, sin prestar la más mínima atención a lo acontecía que no fuera su transitar.
La ciudad que amaba perfumada de Incienso y Azahar, un silencio que tan sólo se había quebrado por un atronador Silencio Blanco, el transitar del más elegante cortejo buscando el amparo de su Templo, la cálida luz de esa noche de primavera con la Giralda de fondo…todo estaba preparado…

Y de repente la perfección se hizo Palio. Mirada perdida entre Bordados de ensueño, un Soneto llamado Amarguras interpretado por ángeles acompañaba al Palacio de Luz para una Reina que sufre el mayor de los desconsuelos. La Amargura pasó ante los ojos del Joven y le detuvo el corazón, lo dejó paralizado y en el más mudo de los silencios, ante su amargo desfile. Deseó ser ese discípulo amado que la acompañaba en ese dialogo de Silencios, quiso ser pañuelo para enjuagar sus lágrimas, quiso ser cirio para que no le faltara luz… mientras, ella se alejaba buscando los pasos de su hijo. Un mar de lágrimas inundaba el rostro del Joven pues la
congoja hizo presa de él mientras contemplaba emocionado como en un solo instante el hermoso manto de ella se alejaba entre amargos acordes de tristeza.
El joven despertó del sueño en el que se había sumido, y supo que se había enamorado. No supo que hermandad era la que con tan bello discurrir le había conmovido, hasta que consiguió reencontrarse con sus amigos y ante las descripciones que pudo hacerles descubrió el nombre de la Hermandad que le había robado el corazón.
Con el paso del tiempo, pudo cumplir muchos de sus deseos:
Ver entrar de blanco con acordes de Amarguras al amor de su Vida ante quien lo enamoró aquella noche de Domingo de Ramos.
Presentar a ella a sus hijos cuando estos fueron Bautizados ante la atenta mirada de su amado hijo.
Y el de Poder contar donde y de quién se enamoró y poder convertirlo en Tradición Sevillana.

Impresionante testimonio Hermano! Gloria Bendita!!
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