Cualquier cofrade sevillano, en materia afectiva, puede clasificar a las hermandades de su ciudad en 4 categorías:
- Por membresía.
- Por familia. (independiente que seas miembro o no de la hermandad)
- Por ser una hermandad, que sin pertenecer a ella ni tener vínculos familiares le tenemos un especial cariño: sus titulares, la cofradía en la calle, vivencias…
- Por admirarla y disfrutarla, pero sin ningún vínculo en especial.
Pues bien, hasta ahora, en la cuarta y última categoría se encontraba para mí la Hermandad de Santa Genoveva, la del Cautivo, la de la Virgen de las Mercedes, la del Tiro de Línea.
Y es que las vivencias cofrades de mi infancia y adolescencia se han basado práctica y exclusivamente en los intramuros de ciudad. Si a esto le sumamos que para mí, el Lunes Santo empieza y termina en el barrio de Santiago (bueno, este año no, pero creo que se me ha entendido) pues creo que es lógico que nunca haya tenido una fuerte conexión con el barrio del Tiro y sus devociones. Algún familiar y amistad por el barrio, pero poco más.
Pero va pasando el tiempo, van pasando los años, descubres y haces nuevas amistades. Y un día notas que el barrio te llama. Y unas veces lo hace en forma de exposición en el centro de Sevilla….

… y otras veces lo hace en forma de Rosario de la Aurora de su Virgen de las Mercedes. Y no lo dudas, allá que vas.

Y ese mismo día, conoces en persona a alguien que has conocido por las redes sociales durante la pandemia. Y una amiga del barrio ejerce de cicerone y te lleva a ti y a tu familia a comer al Benito y os ponéis como el quico. «Pues anda que no hacía años que no comía pavías de bacalao tan ricas»
Esa fue la penúltima vez que pisé el barrio, porque la última fue hace unos días, con mi amigo Jaime, que tampoco es del Tiro pero como si lo fuera, que no es sevillano… pero ni falta que le hace para amar y respetar, como muchos sevillanos ya quisieran, nuestra Semana Santa.
Yendo por Almirante Topete comentábamos como olía a azahar. Antes estuvimos en el interior de la iglesia.




Allí, mientras hacíamos fotos a los sagrados titulares, le hice una confesión a mi amigo:
- Escucha Jaime ¿Te cuento un secreto?
- Sí, dime.
- Esta es la primera vez que he entrado en esta iglesia
- ¿En serio?
Y tan en serio. Pero bueno, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.
El caso es que cuando abandonamos tierras «tirolenses» en busca de nuestro amigo Tony, tuvimos que darnos media vuelta porque me dejé olvidado el trípode de mi cámara fotográfica dentro de la iglesia. Entré a recoger mi olvidado objeto y mientras me dirigía otra vez hacia la calle, les miraba y les decía en silencio: «Mira por donde, no he entrado en vuestro templo en 45 años y en un solo día ya he venido dos veces»
Las cosas que tiene la vida, las cosas que tiene visitar el Tiro de Línea.
