Lo tengo clarísimo. Con la llegada de las nuevas tecnologías hemos avanzado en cuanto a velocidad para informarnos, hemos traspasado fronteras, pero hemos perdido casi todo atisbo de emoción.

Añoro aquellos tiempos en que uno se dirigía al centro de la ciudad, entrabas en un templo y descubrías en ese mismo instante lo bien (o algunas veces mal) trabajado por el equipo de priostía. A medida que te ibas acercando a la parroquia, ibas conversando contigo mismo «¿Que túnica llevará el Señor? ¿Las potencias serán las de plata o las doradas? ¿Y la Virgen? espero que el tocado esté mejor que el año pasado, pero bueno, a Ella le sienta bien todo…»

Ya todo eso se acabó. Es exponerse una imagen a algún culto extraordinario y en unos minutos tienes imágenes en twitter, facebook, instagram… Alguno me dirá: «pues no entres». Y yo respondo, «eso hago» especialmente cuando se que voy a asistir. Pero da igual, me llega la foto por whatsapp. Un spoiler cofrade en toda regla, un «aquí te la traigo antes de que vayas a verla».

Aun así, soy consciente de la sensacional que todo esto le puede parecer a alguien de fuera, me acuerdo de amigos cofrades que tengo por Cádiz, Málaga, Valencia, Valladolid, Zaragoza… también se de gente que esta inmovilizada en su casa y en hospitales… y mira, algo positivo tiene todo esto. Aunque eso no quita que lleve bastante mal eso de toparme unas tropecientas veces imágenes de aquello con lo que tenía intención de conocer en persona.

Y que conste que esto no es una crítica. Es un lamento, puesto que una crítica se usa para intentar cambiar algo y aquí ya no hay vuelta atrás. Por suerte o por desgracia debemos coexistir con los medios digitales, incluso formar parte de todo ello.

En cuanto al aspecto musical, pues 3/4 partes de lo mismo, rara vez hay efecto sorpresa. Recuerdo aquellos años en que salías a ver pasos en la calle y , salvando las contadas excepciones de que en tal plaza a una cofradía le tocaban una marcha concreta todos los años, el resto era una aventura, incierta y maravillosa.

Ahora se filtra donde se va a realizar una petalá, quien le va a cantar una saeta, el exorno floral del paso, si una banda va a tocar tal marcha y en donde. Vivimos en los tiempos de la impaciencia, en los que, como niños chicos todo tiene que ser «ya» y «ahora mismo» Hasta cuando se anuncia un cambio de banda , hacemos video-montajes para mostrar como se verá, varios meses después, un paso con las marchas de la nueva formación. Duele, pero Sevilla a veces, no sabe esperar.

Lo mismo soy un tipo raro, cuando nació mi primera hija a mi me cogió hospitalizado en otro centro debido a un accidente que tuve unas horas antes. Fueron 2 los días que tuve que esperar para conocer en persona a mi hija. Hay gente que quería enseñarme fotos, hay gente que en mi lugar, hubiese deseado verla aunque fuese en una pantalla digital. Yo esperé lo que tuve que esperar.

Hemos perdido espontaneidad y casi todo está guionizado. Con lo bonito que era cruzar el dintel de la puerta de una iglesia y sorprenderse de lo que te esperaba. Con lo bonito que era ver una sombra y disfrutar, segundos después, de lo que se intuía. Con lo bonito que era eso… ese instante, la vida.